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“El Matrimonio se Disfruta, No se Padece”

Esta simple frase puede salvar el matrimonio más dañado por el tiempo, los problemas y el desamor

Por : Rocío Pozo - Experta en Terapia de Parejas

Una historia real que ha ayudado a millones de parejas a volver a ser felices y a amarse como el primer día.

Por motivos profesionales no puedo revelar los verdaderos nombres de uno de mis pacientes quien pasó por esta historia a continuación .


“Mi miedo más grande cuando era niña era que tú y mamá se divorciaran. Luego, cuando tenía 12 decidí que mi mamá y mi papá discutían tanto que era mejor que lo hicieran, pero estoy contenta de que no lo hayan hecho”, le dijo un día su hija.

Nuestros hijos nos quieren juntos y no separados. A veces salvar una relación puede parecer una misión imposible, pero esta simple frase puede producir el cambio que buscas.

Roberto ( Alias de mi Paciente ) , un reconocido arquitecto que en el momento en el que su matrimonio estaba atravesando la peor de las crisis estaba en una muy buena posición económica y gozaba de fama y reconocimiento en si área. Sin embargo, el dinero y su posición no lo ayudaban a ser una excepción en los problemas de pareja.


Cuando el divorcio parece la única solución posible

Roberto estaba casado con María, ( Nombre Ficticio )  y ellos habían tenido problemas en el matrimonio por años. “Mirando hacia al pasado, no estaba seguro de qué es lo que nos unió, por que nuestras personalidades no eran compatibles”, me explicaba Roberto en las sesiones que teníamos .

Las diferencias entre él y su esposa eran tan profundas que ya casi era imposible recordar porque alguna vez se amaron. Cuando las cosas parecían no tener un remedio y el divorcio era su única opción, Le aconsejé a Roberto recurrir a Dios por su ayuda y a seguir unos sencillos pasos cada día.

Le dije seriamente Roberto. ‘Tú no puedes cambiarla, Tú sólo puedes cambiarte a ti mismo'”.
Esta simple, pero poderosa revelación, fue el principio de un amor para siempre .

La mañana siguiente, Roberto se acostó al lado de su esposa María y pronunció la frase que cambiaría su vida, la de su familia y la de cientos de mis pacientes que también han seguido uno de mis consejos mas valiosos: “¿Qué puedo hacer hoy para que tú día sea mejor?”

Luego de años de discusión, desamor, falta de respeto, hasta llegar al punto de no poder recordar qué era lo que los había atraído, la reacción de María fue de cinismo, sarcasmo, y hasta cierto desafío.

“No puedes hacer mi día mejor. ¿Por qué me lo preguntas?”

Ante la insistencia de Roberto, María finalmente le dijo que limpiara la cocina. Él se levantó y lo hizo. Así continuó preguntándole cada día por casi un mes, mientras María usó el desprecio, los desafíos y su mal carácter para desalentar a su esposo-


Pero él se había prometido así mismo que por más difícil que fuera, él no perdería su paciencia y haría lo que fuera necesario para cambiar y hacer feliz a su esposa.


¿Por qué quieres hacer algo por mí?

Luego de un mes ella le preguntó por qué lo hacía. “Porque me importas tú y nuestro matrimonio”, contestó Roberto. Por fin María rompió en lágrimas, reconoció que ella tenía una personalidad complicada y que él no debería quedarse con ella. Pero él insistió.


Cuando le hizo nuevamente la misma pregunta, ella no lo envió a limpiar la cocina ni el garaje; esta vez le pidió que pasara más tiempo con ella.

La pregunta siguió cada día y las peleas terminaron

María, finalmente le preguntó cómo ella podía ser una mejor esposa, y “las paredes que los separaban se derrumbaron”.

Y aunque esto no hizo que ellos nunca más pelearan o tuvieran diferencias, hizo que la “naturaleza de las discusiones que tenían cambiara. Las discusiones son más esporádicas y no tienen la energía que tenían antes. Les quitamos el oxígeno. Simplemente dejó de estar en nosotros volver a lastimarnos” me contó Roberto .

El matrimonio es difícil, pero todo lo bueno lo es

Hace 8 años tuve un infarto luego de que mi hija naciera. Con los meses comencé a caminar, luego a trotar y luego a correr para fortalecer mi corazón. Me llevó años de disciplina y esfuerzos volver a sentirme como antes; me llevó sólo semanas volver a decaer cuando dejé de ejercitar.

Todo lo que es bueno en la vida cuesta, y el matrimonio no es la excepción.

Dejar de correr y de comer sano es súper fácil, como lo es discutir por todo, dejar de sacrificarnos por la felicidad del otro, olvidarnos de por qué nos enamoramos de esa persona, y seguir tratando hasta el final.


Si tu matrimonio está en problemas recuerda estas cosas:


Cuando discutas pregúntate si en realidad vale la pena pelear por lo que sea que estén discutiendo.

A menudo me encuentro discutiendo con mi esposo por cosas que no valen la pena, y me doy cuenta de que sólo estamos peleando para ver quién ‘gana’. Y en realidad, nadie gana, los dos perdemos.

Cuando las discusiones no se hablan ni aclaran el enojo sólo nos llena de rencor y nuestra mente busca más razones para permanecer enojados.

Recurre a Dios. Si eres creyente pídele ayuda a Dios, Él escucha y hace las cargas más ligeras.

Concéntrense en entender que el matrimonio sólo funciona cuando se entienden que es una sociedad en la que los dos deben poner todo de su parte.

Cuando no tengan nada positivo para decir del otro, mejor no digan nada. En los momentos de enojo se dicen cosas que pueden dejar heridas para siempre.


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